De las Muertas de Juárez a las muertas de todos

De las Muertas de Juárez a las muertas de todos

 

Mara Fernanda Castillo es el más reciente rostro de un problema que no es nuevo, que tampoco ha sido solucionado y que va en aumento.

Entre 1993 y 2008, según un informe de la Procuraduría de Justicia de Chihuahua, en Ciudad Juárez 447 mujeres fueron asesinadas, las más de la veces de manera violenta, sus cuerpos abandonados en los páramos desiertos que rodean la ciudad. Se les conoce hasta ahora como “Las Muertas de Juárez”.

Un asesino serial, una secta satánica, safaris sangrientos de hijos de prominentes empresarios han sido las explicaciones populares a estos homicidios de mujeres, en su mayoría trabajadoras anónimas de las maquiladoras, de origen humilde y de familias desintegradas, cuando las tenían.

La realidad era menos novelesca y más terrible —recomiendo el libro “La guerra por Juárez de Alejandro Páez—, las víctimas lo fueron por la violencia estructural; por desinterés de las autoridades, por falta de infraestructura y vigilancia, por violencia doméstica, por misoginia y porque podían matarlas.

Sí, a los hombres también los mataban en Juárez entonces y los matan ahora en todo el país, pero no, aunque insistan, no es lo mismo, ni es igual.

La investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económica, Estefanía Vela —@samnbk en su cuenta de Twitter— compartió los datos que dejan claro por qué estamos frente a un fenómeno de feminicidios:

-Según la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, el 81% de las víctimas de delitos sexuales denunciados son mujeres.

-Entre 2006 y 2016, el 80% de los hombres asesinados fue en espacios públicos, mientras que el 20% fueron asesinados dentro de su casa; en cambio el 50% de las mujeres víctimas de homicidio las mataron en espacios públicos.

-Entre el 2010 y el 2015 por cada homicidio de un hombre en el que hubo violencia intrafamiliar, se registraron 8.6 de mujeres.

-En hombres, a mayor escolaridad disminuye la posibilidad de asesinato. Las mujeres con grado universitario tienen más probabilidades de que las maten que a los varones.

Hoy sabemos que a Mara la violó y mató el chofer de un vehículo de alquiler, que antes se dedicaba al tráfico de combustible (sí, de esos huachicoleros que algunos defienden como parte del pueblo bueno “que tiene necesidad”), nacido y criado en los límites de Tlaxcala y Puebla donde la trata de personas es otro de los oficios aceptados de “los que tienen necesidad”.

La vio dormida en la parte de atrás del auto, que ella contrató para llegar segura a su casa y sabiendo que esto es México, la privó de la libertad, abusó sexualmente de ella y abandonó el cuerpo.

Si venía de un bar o no es irrelevante, si le gustaban las minifaldas o los batones tipo Beatriz paredes, también. Esa no debe de ser jamás la preocupación de nadie.

A Mara, como a “las muertas de Juárez”, como a las demás víctimas de feminicidio las matamos todos, las mató la cultura machista, las mató la impunidad y nadie está haciendo nada al respecto.

CDMX

19 de septiembre de 2017

@Vicente_Galvez

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